Casa, coche, trabajo cómodo, dinero, familia,… todo joven tiene inquietudes y aspiraciones similares, lo difÃcil es dejarlo todo aparcado al menos por un rato y dedicar tu vida a hacer la de los demás algo más feliz de una forma u otra.
Yo conocà una persona capaz de hacer eso mismo y no era misionero, ni curaba niños en un lugar distante, ni construÃa casas en zonas arrasadas por una catástrofe; a su modo, sin embargo, él también apaciguaba almas, se preocupaba por los más pequeños y construÃa sueños, ilusiones y esperanzas, en un lugar mucho más cercano: en un pequeño campo de entrenamiento al norte de Madrid.
Conocà a los Black Demons poco después de haber comenzado a jugar al fútbol americano en Feds de Madrid, cuando por diversos azares del destino parecÃa que aquella afición que tomas por llenar un fin de semana con otro deporte como tantos anteriormente has practicado tocaba a su fin simplemente por culpa de una mala gestión. En aquellas primeras charlas con el nuevo equipo su presidente, Esteban Gómez, me demostró que cada entrenamiento y cada decisión obedecÃan a un plan bien estudiado, un proyecto que nunca habÃa llegado a cuajar con anterioridad pero que él veÃa claro poder asumir.
AsÃ, cuando una tarde me ofreció formar parte de la directiva del equipo, acepté. Entonces fue cuando empecé a conocer a Esteban y el proyecto que tenÃa en mente: no se trataba de conseguir de una manera convencer a uno o varios patrocinadores de que pusiesen dinero para que una banda de locos practicasen un deporte desconocido en nuestro paÃs como era –y en ocasiones sigue siendo- la costumbre en el mundillo, sino conseguir que lo poco o mucho que se consiguiese tuviese una continuidad y, lo que es más importante, un futuro.
En poco tiempo habÃamos conseguido grandes cosas bajo la tutela de Esteban; tenÃamos un patrocinador, equipaciones nuevas, un equipo competitivo en el que además se enseñaba a jugar a los menos experimentados, una plantilla extensa que, poco a poco, se renovaba con gente nueva…
Llegados a este punto, la gran mayorÃa de los clubes en aquel entonces decidÃan que todo estaba hecho y que el único trabajo que quedaba por hacer era mantenerlo el mayor tiempo posible a costa de conseguir patrocinios; Esteban, sin embargo, pensaba que era entonces el momento de comenzar a trabajar de verdad.
Y asà se hizo.
Por un lado, Esteban consensuaba junto con otros equipos la posibilidad de crear una liga menor como alternativa a la única y existente LNFA 11x11, donde equipos con menos plantilla y recursos pudiesen jugar de una manera más frecuente, independientemente de cualquier torneo veraniego, navideño o partido amistoso que se pudiese organizar para rellenar la temporada; se estaban sentando las bases de lo que ahora se conoce como LNFA-2, una liga de 7x7 que, de ser jugada en Cataluña y, en menor medida, entre Madrid y Euskadi, pasó a convertirse en un evento de la máxima competición en el que participaban equipos de toda España.
Por otro, apoyado por unos pocos jugadores, Esteban consiguió la atención de algunas instituciones escolares de la sierra de Madrid para fomentar el deporte del football americano entre los más jóvenes a través de la modalidad de flag o football sin contacto; habÃa nacido la Escuela de Flag de Black Demons en Valdemorillo, un proyecto de promoción de nuestro deporte llevado por jugadores que, voluntariamente y sin ningún tipo de contraprestación a cambio, enseñaban a niños las bases del football americano.
El tiempo pasó, y aún recuerdo el dÃa en que Esteban, terminando un partido, se quejaba de un dolor agudo en la espalda. Habiendo tenido varias experiencias parecidas dentro de la plantilla, en la mente de todos serÃa un pinzamiento, una hernia a lo sumo, que le mantendrÃa alejado del campo de juego aunque no del deporte durante un tiempo más o menos largo.
Lo que parecÃa un contratiempo de cierta importancia, sin embargo, se convirtió en un verdadero mazazo para todos.
Tras innumerables pruebas, a Esteban se le diagnosticó una enfermedad degenerativa que, dos años después de combatirla por todos los medios, acabarÃa con su vida.
Poco después de la noticia yo me habÃa retirado del football americano tras una larga lesión, pero hacÃa lo posible para seguir a mi equipo y que me fuesen llegando noticias de lo que en él acontecÃa; conseguimos ser campeones de conferencia en la primera liga oficial de LNFA-2, el equipo junior de Black Demons daba sus primeros pasos, los entrenamientos de fin de semana de flag infantil cada vez eran más numerosos,… me alegraba saber que Esteban seguÃa luchando por aquello en lo que creÃa, y que lo arropaba un grupo de amigos como pocos he conocido.
A casi dos mil kilómetros de distancia, yo seguÃa estando orgulloso de haber podido pertenecer durante un breve periodo de tiempo a un equipo como aquél. Poco más de un año después, las noticias que me llegaban acerca de la salud de Esteban no eran tan halagüeñas y, un 28 de Octubre, durante una cena en mi casa, se me comunicaba la triste noticia.
Aquel 28 de Octubre dejamos de oÃr la voz de Esteban, pero fue entonces cuando nos dimos cuenta de cuál habÃa sido en realidad su mayor proeza: Esteban no nos habÃa dejado, ni nosotros a él; continuamos construyendo el sueño, decidimos seguir alimentando su ilusión.
Ese era el legado que nos dejaba y, el 18 de Junio de 2006, conseguimos hacer parte de aquel proyecto realidad: aquella mañana de domingo realmente emotiva conseguimos, in memoriam, un campeonato de España en un campo lleno de gente, todo ello fruto de años de trabajo de Esteban y de todos los miembros del equipo, asà como de los seguidores y simpatizantes que no nos hubiésemos perdonado no participar del homenaje.
Hoy, tiempo después de mi retirada del football americano en activo, cuento con orgullo la historia de aquella especie de Lawrence de Arabia que hizo lo posible -y en ocasiones lo imposible- para fomentar la unión entre los diferentes equipos que intentaban surgir en algún lugar de España no para echar unas pachangas o mantener un hobby personal, sino para darle continuidad tanto a los clubes como a las competiciones en las que éstos participasen, y posibilitar y promover esta alternativa de deporte en su área de influencia.
Como gesto de agradecimiento, lealtad y amistad allá donde estés, sirva el presente artÃculo para expresar mi eterno orgullo de haber compartido una pequeña parte de mi vida contigo, Esteban.